REGLAS DE ORO

Vive en paz en tu propio hogar, con todos tus familiares; con tus vecinos, en todas partes y con los compañeros de trabajo. Recuerda que viviendo en paz con los hombres, vivirás en paz contigo mismo y con Dios. Nunca hables mal de nadie, y si alguno te habla mal de otro, no lo cuentes más adelante, para que así mueran los prejuicios de la murmuración contra un semejante. Piensa siempre en lo mejor de todo, para que tu corazón sienta los nobles impulsos derivados del amor. No desaproveches la oportunidad de hacerle un servicio o un bien a tu enemigo; aunque procura nunca tenerlo. Comienza hoy mismo a practicar esta regla, perdonando a todos los que te han ofendido y ponte en paz con aquellos a quienes tú has ofendido. Aparta de tu mente y de tu corazón cualquier mal pensamiento e intención. Respeta las creencias de otros y procura ayudarles sin preguntarles la religión que profesan. Para llegar a Dios hay muchos caminos; toma el tuyo y deja a los demás que encuentren el suyo.
Hermano: Practica estas reglas; es tan sencillo; tú nada pierdes y en cambio tienes mucho que ganar; te lo aseguro. Hazlo y que el Ser Supremo ilumine tu corazón para bien tuyo y de los demás. Que la paz y la bendición sea contigo.

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